jueves, 2 de abril de 2015

El tío loco


Todos los niños deberían tener un tío que está loco. Un tío que hable diciendo tacos, que les cuente chistes guarros, que haga calvos por la ventanilla del coche y que, a fin de cuentas, haga las cosas que un padre sabe que no debe hacer con sus hijos pero que en cierta manera son necesarias.

Yo, de niño, tuve a mi tío Enrique. Un loco encantador, que hablaba de mi madre en términos poco decorosos y que me hacía reir muchísimo.

Mis hijos tienen a Albert, que los quiere y fastidia a partes iguales. Y ellos le adoran.

Así pues, era lógico que yo fuese el tío loco de alguno de mis sobrinos. Tengo esta relación con Ramón, un adolescente risueño que se ríe de todo por todo y que es un encanto.

Además, tengamos en cuenta que este post lo estoy escribiendo en plena Semana Santa, tengo la obligación moral de cuidar y proveer en caso de necesidad, no en vano soy su padrino. No soy persona religiosa, pero así lo confirmé ante la Santa Iglesia el día de su bautizo y así será si nunca se da el caso.

Total, que cuando ayer al salir a estirar las piernas un ratito por los caminos que rodean Blancas el decidió que me acompañaría a hacer de mochilero en quad.

¿El resumen? Soy un tío afortunado por poder contar con un lujo cómo este. 

Eso si, cómo cabía esperar, tenía que hacerle un calvo en cuanto se presentó la ocasión...

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