martes, 25 de febrero de 2014

Me estoy quitando

 
Hola, me llamo Eduard Navarro y estoy intoxicado...

No me cuesta admitirlo, es un hecho. Una realidad.

No puedo evitar mirar el reloj, continuamente. Controlar el ritmo al que corro y lo que es peor, que una sonrisa malévola se dibuje en mi cara cuando encuentro el confort a un ritmo elevado pese haberme prometido que no volvería a ser esclavo del tiempo.

Pero nada de esto es real. Hoy por hoy me estoy buscando, pero no me encuentro. Y mira que lo intento con todas mis fuerzas, con tanto ahinco como soy capaz de hacerlo. Pero nada.

No estoy.

Tengo una ventaja, y es que se dónde radica el problema. Mi cabeza, la que siempre ha tirado del cuerpo, se mira al espejo y no se cree que éste pueda conseguir sus objetivos. Lo que ve no le gusta.

Y aquí empieza el problema. La fortaleza mental y capacidad de sufrimiento de las que siempre he alardeado están dormidas. La parte buena es que están. Solo tengo que conseguir despertarlas. Y en eso estamos.

Por fortuna en estos casos todo confluye y ayuda. Y el cuerpo, con memoria propia, recuerda tiempos mejores y tira olvidándolo todo. Pasa por encima de una mente otrora fuerte, hoy debilitada por un reflejo que no se cree.

Pero todo es cuestión de tiempo, de equilibrio.

Vuelvo a correr solo. El oasis de compañía encontrada a las nueve de la noche ha resultado ser un espejismo que se ha disipado como la bruma matinal.

Aunque echo de menos la compañía, la soledad también me permite hablar a solas conmigo mismo. Decirme a la cara todo lo que pienso e insultarme continuamente por querer tirar la toalla. Y releer las páginas de autoayuda que con tanto esfuerzo he escrito en los últimos casi 5 años.

Volveré. Es solo cuestión de tiempo. Tiempo y un poco de esfuerzo, nada mas.

...Hola, me llamo Eduard Navarro y me estoy quitando.

domingo, 2 de febrero de 2014

Turning Cuarenta, Loca


Aquel que hoy espere un post relacionado con el running, gracias por venir, ha sido un placer.

Ya puede cerrar esta página.

Cómo no solo de running vive el hombre, hoy hablaré de emociones y sentimientos, de energia vital, de amigos.

De familia.

Esta ha sido una semana rara. Una semana llena de emociones, de gestos de amor y cariño de mucha, mucha gente.

Nunca hago nada por interés. Nunca espero nada a cambio de nada de lo que hago. Si me ofrezco a echar una mano no será por que aspire a obtener algún tipo de compensación...
Bueno, no es del todo cierto, si que espero una compensación. Me gusta saber que aquellos con los que comparto la vida están bien, se sienten a gusto.

Y si puedo colaborar para que así sea, será. Ese es mi premio, la satisfacción de saber que me dejan ayudar y cuidar de mi gente.

Por eso, por el hecho de no esperar nada, ha sido una sorpresa mayúscula.

Amigos que me llaman para decirme que me quieren, porque si, porque en cierto modo he servido de inspiración para hacerle llegar a un estado de felicidad extrema. De paz interior.

Magdalenas furtivas con velitas con mucho cariño como ingrediente principal que me desmontan, me dejan sin palabras y al borde de la lagrimita por la emoción.

Amigos de hace tantos años que ya ni recuerdo que de repente descubro que me admiraban. Que para ellos era increible compartir espacio con aquellos que llenabamos páginas de las revistas de patín de la época. Hoy son ellos los que las llenan y yo quien los admira y no puede creer que me acepten de esta manera.

Amigos nuevos, gente que hace muy poco que conozco pero que parezca que llevan una vida a mi lado y me conocen cómo la palma de mi mano. Amigos de la infancia en la edad adulta. AMIGOS, con mayúsculas.

Personas que por casualidad un día llegaron a mi vida con un perro enorme, una sonrisa aun más grande y un corazón inmensamente mayor.

Compañeros de viaje. Personas que están a mi lado desde mi infancia, personas con las que he compartido miles, millones de anécdotas. Amigos que han dejado de serlo, porque ya son nuestra familia. Hoy son nuestros Titos, nuestras Titas, nuestros Tetes...

Vecinos que ya no lo son. Que han traspasado esa linea y que han abierto las puertas de su vida sin condición. Puertas sin llaves separan nuestras vidas, siempre abiertas, siempre disponibles.

Mi familia. Mis hermanas, mi hermano y mis cuñados. Mis padres y la madre de mi esposa. Mis sobrinos. Incluso estando lejos os siento muy cerca. Unidos, siempre. Una familia grande.

Una gran familia.

Y mis hijos. Mi razón y mis motivos. Mi sonrisa y mi ilusión. Mi presente y mi futuro.

Y Cristina. ¿Cómo podría no quererte tan profundamente cómo lo hago?

Eres única.

Eres para siempre.

Te amo.

Esta ha sido una semana rara. La semana en que he cumplido 40 años. La semana en que, difícil en mi, me han dejado sin palabras.

Me habéis dejado sin palabras.

A todos vosotros. A los que estuvístes. A los que desde la distancia pensásteis en mi. A los que no pudísteis venir:

Muchas gracias por hacerme inmensamente feliz.

Os quiero.