domingo, 26 de enero de 2014

Sentir la llamada

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...Quizá porque mi niñez sigue jugando en su playa. No lo se.

O quizá por que lo primero que veo cada mañana al despertar y subir la persiana es la ladera de un monte más alto que el horizonte. Es posible...

No se explicarlo, pero hace tiempo que me llama. Ya antes incluso de tomar la firme decisión de ponerme de nuevo a tono me llamaba... y es algo que me cuesta comprender.

Hasta la fecha siempre había renegado. "Yo soy asfaltero", decía.

Para aquellos que no me conocéis, o me conocéis poco, os pondré en antecedentes. El lugar dónde vivo es incomparable. Una pequeña ciudad encajada con calzador entre el mar Mediterráneo y el parque natural del Garraf. Mar y montaña a distancias iguales la una de la otra. Idílico. He nacido, crecido y vivido toda mi vida junto al mediterraneo. Y puedo asegurar que, con toda probabilidad, moriré aquí.

La cuestión es que la montaña a mi, cómo que no. En realidad nunca había acabado de hacerme el peso. Si, es cierto, he corrido muchas veces por montaña. He participado en carreras de ésta disciplina. Pero nunca me he considerado hombre de montaña.

Era más por considerarme un corredor completo que algo hecho por verdadero gusto y disfrute. En mi caso, como comer pescado. Gustarme lo que se dice gustarme... Soy más de carne, pero entiendo que para una alimentación equilibrada es imprescindible.

Hoy ha sido diferente. Cómo os decía al principio hace meses que me llama. Casi me atrevería a decir que el motivo principal de mis ganas de volver a sentirme fuerte corriendo nacen de la necesidad de correr lejos del asfalto. Repito, no se explicarlo, es un sentimiento más que un hecho.

Y cómo suele ser habitual, escuchar al corazón suele dar su fruto. Ha sido extraordinario. La ruta que hemos escogido transcurre por un acantilado abrupto lleno de piedras. El romero y la genista decoran el paisaje y su olor lo inunda todo.

En este momento, horas después de haber reflexionado sobre la experiencia vivida hoy, puedo afirmar sin lugar a dudas que he sentido la llamada.

Creo que las montañas que me observan silenciosas desde lo lejos van a verme mucho más a menudo que hasta ahora.

¿El motivo? Cómo más alto subo, mayor es el esplendor con el que mi Mar Mediterráneo luce ante mi....

...y cerca del mar por que yo...

Gracias Cèsar, Sergi y Lleó por la compañia de hoy. Espero que podamos repetir otras muchas veces.











2 comentarios:

  1. Comprendo plenamente lo que transmites en este post, Edu. Me pasa algo parecido; la única diferencia es que el asfalto realmente no me llena mucho. Teniendo lo que tenemos "a tocar de la mà" es verdad que hay que explotarlo mucho más. Y si le añado que corriendo por estos preciosos parajes, mi fiel compañero puede ir suelto, la elección está hecha. A mi también me ha llenado la salida de hoy, aunque he de reconocer que no ha sido mi mejor estreno después de la lesión de abductor.

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    1. César, lo veo. Le vamos a pegar una paliza a la montaña que se va a quedar tiesa.

      Verás cómo a partir de ahora, de nuevo en el mercado laboral y con todos los cambios las lesiones irán a menos y volverás a disfrutar cómo antes.

      No nos quedan kilómetros por echar ni nada!

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