jueves, 17 de octubre de 2013

Walter no es mi amigo


Ayer por la mañana salí a correr solo, cómo viene siendo habitual estos últimos días.

Le estoy empezando a coger el gustillo. Voy tranquilo, nada me distrae y, generalmente, se me hace corto.

Sin embargo ayer, cuando todavía no llevaba un kilómetro de entreno, apareció Walter.

Al principio parecía que podría deshacerme de el a base de modificar mi ritmo y mi zancada, pero cuando creía que ya se había ido, aparecía de nuevo.

Os puedo asegurar que Walter es la peor compañía que un corredor de fondo puede tener. Es agotador.

Te destroza el ritmo, los planes y el entreno entero cómo te descuides.

Al final consiguió su objetivo. A los 3 kilómetros de entreno tuve que dar media vuelta y regresar a casa tan rápidamente cómo pude, pero sin pasarme, ya que Walter es caprichoso. Si vas demasiado lento es peligroso y si vas demasiado rápido, también. Siempre aparece cuando menos lo esperas, aún cuando estás convencido que es imposible que venga.

Walter es el nombre cariñoso, si se le puede tratar con cariño, a las ganas irrefrenables de ir al baño en plena carrera para hacer aguas mayores. A evacuar, vamos. Más bien es el nombre que se le da al producto de una evacuación...

Walter, en serio te lo digo, no vuelvas más mientras estoy corriendo. Tu no eres mi amigo y no quiero correr contigo, que luego me salen unos entrenos de mierda...




domingo, 13 de octubre de 2013

Soy el cazador de sueños

Soy el que madruga.

Soy el que se esfuerza.

Soy el que corre contra su sombra.

Soy el que se reta a diario.

Soy el que se insulta cuando las cosas no salen.

Soy el que se castiga.

Soy el que nunca se rinde.

Soy el que oye tu despertador y ve encenderse una luz en tu dormitorio.

Soy el que te ve por la ventana de tu cocina preparando el café para despertar.

Soy el que, al alzar la vista, llora ante la inmensidad de un cielo repleto de estrellas.

Soy el que continuamente se pregunta ¿Que hago yo aqui?

Soy el que corre de madrugada.

Soy el cazador de sueños.

lunes, 7 de octubre de 2013

Ocho semanas


5:30 am

El despertador me arranca de un sueño tan profundo cómo placentero.

Me siento en el borde de la cama y, por un instante, vienen a mi mente imágenes de un astronauta despertando de la hibernación a la que ha sido inducido para realizar un viaje allende las estrellas. Imagino lo que debe sentir en ese momento. Dolorido y entumecido, parece que la musculatura no quiera reaccionar.

Me visto y salgo de casa a hurtadillas, sin hacer ruido. No debo despertar a nadie.

5:45 am

Todo está desierto. Apenas si circulan vehículos por unas calles que, en poco más de dos horas, estarán atiborradas de nerviosos y estresados dirigiéndose a sus lugares de trabajo.

Pero ahora reina la paz. Castelldefels duerme.

No es mi caso. Tengo por delante ocho semanas para preparar el que será mi segundo maratón de asfalto.

Serán semanas duras. De grandes esfuerzos y sacrificios, dónde mi yo más voluntarioso tendrá que pasar por encima de mis otros yo vagos, cansados y poco predispuestos a sacrificarse en pos de algo tan rematadamente loco cómo correr 42 kilómetros.

Pero aquí estoy yo, evadiendo la cabeza a base de pensamientos positivos, mientras el ritmo de mis pisadas al correr me arrastran a un estado de semi trance.

Solo.

De noche.

Lo peor es la falta de compañía. Hacer esto sin el calor del grupo, las palmaditas en la espalda y los abrazos al encontrarnos, los ánimos y los piques sanos mientras entrenamos, la charla y las excusas baratas del bajo rendimiento de algunos durante los estiramientos... Es lo que peor llevo.

Pero debe ser así. O lo hago de esta manera, a estas horas, o no lo haré.

Y, cómo tan sabiamente dice mi amigo Ricard, un paso atrás ni para coger carrerilla.

Ocho semanas. 8 de Diciembre de 2013.

Castellón me espera.

sábado, 5 de octubre de 2013

Todo esto es culpa tuya


 Recuerdo la primera vez que le vi. Estábamos en el parque de la tirolina de al lado de mi casa, jugando con los niños. Entonces aún no nos conocíamos. Había dos tipos vestidos de corredores cuando llegó el, con la sonrisa por bandera. Aquel día tocaba correr.

Meses después la casualidad hizo que nos encontrásemos. Su hijo menor y el mio mayor coincidieron en el cole al iniciar P3. Nuestra primera conversación, cómo no podía ser de otra manera, giró en torno al atletismo. Por aquel entonces yo luchaba por bajar de 43' el 10km. Nunca olvidaré su respuesta al preguntarle "Ahora no estoy del todo bien, rondo los 34/35 minutos. Avísame un día y salimos a trotar juntos". Intercambiamos teléfonos, pero me dió vergüenza. Me sentí ridículo ante una marca cómo la suya.

Hasta que llegó la primavera del 2012. Estábamos estancados. Hacíamos más kilómetros que nunca, pero cada segundo arrancado al crono era un suplicio. Una tarde, al salir del cole, me comentó que estaba montando un club, algo muy informal, de colegas. Decidí salir a correr con ellos por la montaña una tarde de Mayo.

Chretien, Cesar y Pepjin nos acompañaron aquella tarde. Puede que Guillem también, no recuerdo si estaba ese día, pero ya estaba en el grupo por aquel entonces. El "club" no iba mucho más allá de aquellos 4 ó 5 tíos que se juntaban para correr alguna que otra tarde. Joaquín y Toni también venían de vez en cuando.

Y llegó el verano. Tony, Juan Àngel, Dani, Javi Trucha, Campillo, Zipi y Zape, Xavi Ponce, Jose Dominguez, Carles, Albert, Sergi, Sole y algunos más. Llegó el primer logo oficial y las primeras camisetas. Aquello iba tomando forma. Y los entrenos se iban endureciendo. Y el crono iba mejorando.

Se apagó el verano, se fué el calor y éramos de los poco tarados que seguíamos pegándole palizas a las baldosas del paseo marítimo. Y llegaron refuerzos, y menudos refuerzos.

De repente el grupo se lleno de patas negras. Personas tan rápidas cómo luchadoras y humildes. Tan preparados cómo nobles. Salva, Xavi Anguela, Manel, Gio, Niamh, Rubén, Joan - Eric - Alberto - Alex y Nùria (los Flying Kids), Pedrito, Carlitos, Manuel, Leo y algunos que seguro me dejo, espero que no me lo tengáis en cuenta.


Aquel invierno corrimos con sol, lluvia, niebla y nieve. Nada paraba los entrenos, nada nos detuvo.

Y con la primavera, de nuevo, nuevos integrantes. El grupo de las chicas se hizo inmenso. Irene, Sandra, Cristina, Vanessa, Gemma, Carmen... Me perdonaréis, pero no os conozco a todas... Sois demasiadas.

En nuestro grupo también hubo incorporaciones. Judith, Ana, Per, Mikel, Joan, Xavi... Muchos más. A menudo, en los entrenos, nos juntábamos cerca de 40 personas.

Llegó el segundo logo. La polémica de la nueva camiseta. Y el chiringuito Ibiza con sus avituallamientos post-entreno, nuestra segunda casa. Y los Family Fridays, las fiestas en familia dónde todos, padres, madres y niños, disfrutamos de los entrenos del grupo.

Y llegó Berlín. El Sensei, nuestro mentor, atacaba un Major con la ilusión de detener el crono por debajo de las 3 horas. Casi nada.


Creo hay pocas personas capaces de conseguir algo tan grande cómo lo que Cocera hizo, por eso lo recibimos hace unos días cómo a un auténtico ídolo en el aeropuerto a su llegada de Berlín. Y no me refiero a sus 2h 57' del maratón, inalcanzable para la mayoría de mortales. Me refiero a crear, de la nada, algo tan grande como lo que tenemos hoy.

Castelldefels Outdoor, el club que me adoptó, no podría existir de no ser por la pasión, las ganas y el altruismo de Jose Miguel.

Hoy, uno de los mejores amigos que he tenido en mi vida, cumple 41 años.

Felicidades Jose. Vaya un beso y un abrazo enormes para ti.

Gracias, de corazón.