miércoles, 25 de septiembre de 2013

Crónica V Ermites


Bueno, pués ya está, ya puedo contar la de las V Ermites cómo una de las carreras acabadas en mi vida. Puesto 73 de la general con un tiempo de 2h 44' 48". Contento y satisfecho. Muy satisfecho.

Fué una carrera lenta, aunque me pasó muy rápido.

Fué un recorrido agradable y hermoso, aunque se me hizo muy duro, de los más duros que he hecho jamás.

Fuí solo la mayor parte del tiempo, aunque estaba rodeado de compañeros, cómo cuando a tan solo 1'5km de la meta empezaron a darme rampas y el resto se paraba para ayudarme, incluso ofreciéndose a acompañarme si lo necesitaba.


Fué un día de clima fresco y de temperatura agradable, pero pasé muchisima calor. Tan sofocante a veces que hacía que serpenteásemos por los caminos buscando las sombras cuando era posible.


Estábamos muy cerca del mar, pero los paisajes de montaña eran espectaculares.

La carrera se llamaba la ruta de les V ermites, pero yo no ví ninguna ermita por el camino. Así de abstraido estaba en la carrera.

Hubo tramos muy técnicos, pero se podían pasar también muy rápido.


Algún día me gustaría ser voluntario de una prueba como esta, pero no se si tengo la entrega ni la calidad humana de aquellos que, altruistamente, nos regalaron sus ganas de ayudar a que todo saliese como es debido. Muchas gracias a todos.


Al final los calambres de las piernas ya no me dejaban correr y aún así entré al sprint de la mano de mis hijos Àngel y Gerard para dedicarle la carrera a la madre de mi esposa que, hablando en términos de salud, ha pasado por momentos mejores.


Fué un día de contradicciones, de sensaciones encontradas, de emociones agridulces. Fué un día espléndido que acabó de la mejor manera posible, con una sonrisa en mi cara... Y una barbacoa en pleno Parque Natural dels Ports a modo de recuperador para celebrar que ya tengo mi camiseta de finisher.



Xavier Teixidó, mi mas inmensa gratitud por tu legado. Vaya un beso para ti allá donde estés. Volveré de nuevo para honrar tu memoria el año próximo.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Todo listo para las V Ermites



Todos listo y preparado.

En 6 horas me levanto para correr la Ruta de les V Ermites.

Si, sólo V, no las X. Para las X hay que ser un valiente. Eso y no tener en mente una maratón de asfalto a final de año, motivo más que suficiente para no meterme 50km en las piernas a estas alturas.

Llevo toda la semana repitiendome que no será más que un entreno largo. Kilometros para fortalecer cara a Castellón. Pero no se a quién quiero engañar.

Os cuento lo que pasará y cómo pasará.

Llegaré a la línea de salida rodeado del resto de los que también corren. Me quedaré en un discreto segundo plano, abstraido en mis pensamientos manteniendo un silencio absoluto, completamente concentrado.

Esa concentración me llevará a un estado de semitrance en el que se hará el silencio a mi alrededor. Ya no habrá nadie. Sólo estaremos los 25km que tengo por delante y yo.

Nos hablaremos. Nos conoceremos. Y pactaremos no hacernos daño y disfrutar.

Cerraré los ojos en la cuenta atrás y seré consciente del disparo de salida por que los de mi alrededor arrancan a correr, no por que lo haya oido. Y correré.

Salida rápida, acelerada. La excitación tira de todos. Y yo dejaré que me pasen. No tengo prisa.

Nunca la tengo.

Y la carrera se dibujará en mi cabeza. Y sabré que, en breve, muchos de los que ahora me apartan a codazos no podrán con su alma. Comenzaré a adelantar corredores y a ser consciente de mis capacidades, lamentablemente, gracias a las debilidades de otros.

Y entonces la idea de siempre empezará a tomar forma en mi cabeza: Quedar entre los 50 primeros.

Ese ansia de mejorar, de superarme cada día, de luchar contra mi sombra por ser mejor que la única persona que estoy seguro de poder ganar: a mi mismo, me invadirá con todas sus fuerzas y se apoderará de mi cuerpo. Posesión Vudú de un cuerpo debil dirijido por una mente poderosa.

Llegaré exhausto, pero feliz. Seguramente más feliz que el que gane e infinitamente más agotado.

Eso si, con buen sabor de boca por haber dado más allá de lo que humanamente creí que sería posible. Quede entre los 50 primeros o el último. Satisfecho por haber acabado.

El lunes os cuento cómo ha acabado la cosa. Toca hacer de labrador otra vez tan pronto cómo acabe la carrera.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cultivarse



Cultivarse.

Nunca antes había pensado en profundidad en éste término.

Lo hice el pasado fin de semana cuando, precisamente, trabajaba un pedacito de tierra que la familia tiene en el sur de Tarragona cara a poder cultivar algo la próxima primavera.

Fue durante la tercera pasada de moticultor a una tierra dura, que ha permanecido sin trabajarse durante cerca de 20 años, cuándo lo pensé: "Que lento es esto"

Y llegué a la conclusión de que debe de ser así. La naturaleza tiene sus ciclos, sus momentos adecuados que deben de ser aprovechados para conseguir el máximo rendimiento, pero no podemos pretender ir más rápido que ella.

Si aceleraba el paso o la velocidad de arado de mi herramienta el terreno quedaba irregular, no escarbaba lo suficiente cómo para conseguir ablandar el suelo. Tenía que hacerlo tranquilo, con paciencia, sin prisa.

Entonces caí en la cuenta. Existe un punto común entre aquellos corredores de élite que he conocido y los agricultores que conozco.

La mirada y la sonrisa son idénticas.

Hablan con reverencia de sus logros, del sufrimiento por el que han pasado para conseguir una buena cosecha, de las heridas que han sufrido mientras se preparaban.

Y ambos, invariablemente, apenas se toman un minuto de descanso entre siembra y siembra. Tan pronto cómo acaba la cosecha del año empiezan a trabajar en la siguiente. Con el mismo tesón. La misma pasión. La misma dedicación.

Invariablemente.

Y entendí que en mi carrera de pseudo atleta tendré cosechas buenas, donde recogeré cantidades ingentes de logros de los que aleardearé ante mis iguales. Y también las tendré malas, dónde un mal día de lluvia, un exceso de sol, un mal resfriado o una torcedura en el peor momento harán que la cosecha se vaya al traste y recoja lo mínimo indispensable para salvar los muebles.

Pero volveré a empezar de nuevo trabajando con la mirada puesta en la próxima siembra.

Paciente y trabajador. Con esfuerzo y sudor. Cómo un agricultor más qué sonríe mientras sostiene la mirada perdida puesta en un horizonte lejano con la esperanza de que éste le traiga una abundante cosecha.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Ganas de volver


Han pasado tantas cosas desde la última vez que escribí un post en Running la vida loca que no se ni por donde empezar.

Lesiones, parones obligados, asuntos de salud familiar, un nuevo empleo y detalles absurdos enquistados que han rozado el punto de la enemistad con personas a las que aprecio y quiero profúndamente. Espero que no sea así.

Pero nada de ello es insalvable. Nada es para siempre. No hay mal que dure cien años.

Hoy llevo, debido al desajuste de horarios actual, 10 días sin poder salir a correr. En el horizonte inmediato una carrera de 25km por montaña, cuando hace casi 2 meses que no la piso y a finales de año una maratón de asfalto. Y hasta hace una hora me pesaban mucho, muchísimo. No ve veía capaz.

Algo ha cambiado esta tarde cuando, tras una tronada, ha caído una tromba de agua espectacular.

Fugaz.

Breve.

Intensa.

Me he sentado en el balcón a ver caer desde la primera hasta la última gota, y he dejado que todo en mi interior fluyese, como el agua que caía.

Y siento fuerzas renovadas. Ganas de empezar de nuevo, de volver a disfrazarme de corredor y salir a correr hasta el agotamiento.

Todo en la vida es cíclico, y afotunádamente, la motivación también.

Volvamos a empezar dejando el lastre atrás. Empieza una nueva temporada llena de retos e ilusión.