martes, 30 de abril de 2013

Diálogos con la organización de #UTBCN 2013

Mucho se está hablando de la cantidad de errores y fallos que cometió la organización de la #UTBCN en la edición del pasado sábado 27 de Abril de 2013.

Es cierto, hubieron cosas que no salieron bien. Incluso algunas que salieron mal.

Soy una persona que cree en el diálogo, en la capacidad comunicativa del ser humano por entenderse. El problema es cuando alguien se escuda tras la seguridad de una pantalla para escribir críticas y quejas, sumándose a la turba que está llevando a cabo un linchamiento público en toda regla.

Acabé la carrera contento, aún sabiendo que habían muchos puntos que debían mejorar. Decidí que lo mejor que podía hacer era escribir, desde el respeto y la educación, una carta con mi punto de vista y sugerencias de mejora a la organización de la carrera.

Ayer, en el resumen que publiqué de mi carrera, ya colgué el enlace al documento que les envié. Como el post de hoy está dedicado íntegramente a este asunto me perdonaréis que vuelva a colgar el vínculo para que os podáis poner en situación.

En el momento de enviar el email creí que no contestarían, honéstamente. Estaba convencido que estarían recibiendo un chaparrón de quejas a la altura del que nos cayó encima a los participantes y que quizás, solo quizás, leerían mi mensaje.

Pero me equivocaba. Ya demostraron preocupación por lo sucedido al publicar una nota de prensa pidiendo disculpas por los hechos mientras todavía no había finalizado el primer corredor de la MTBCN.

Contra todo pronóstico contestaron. Concretamente contestaron lo siguiente:


A pesar de lo que algunos puedan pensar, no conozco a las personas de la organización. Si bien he cruzado algunas palabras con algunos de ellos, pués no en vano somos vecinos de la misma ciudad, dudo que pasadas unas semanas me recuerden siquiera. Es decir, no escribo esto por amistad, lo escribo por afán de mejora, por que creo en la posibilidad de enmendar errores.

Y creo en el diálogo entre personas educadas y civilizadas que dan la cara y no se esconden entre la multitud para atacar despiadadamente.

El año que viene volveré a correr la #UTBCN, se merecen otra oportunidad sin lugar a dudas...

Bueno, solo hay una duda, estoy decidiendo si repito distancia o si doy el salto a los 79km...

lunes, 29 de abril de 2013

Yo sobreviví a la #MTBCN 2013

No se por dónde empezar. Llevo un buen rato delante de una página en blanco mientras las ideas se abalanzan en mi cabeza, unas pisando a las otras. Es difícil de expresar lo que siento y sobre todo de sintetizarlo de la manera mas breve posible.

Creo que empezaré por el final. Es lo que mas me alegra y lo que, al recordarlo, mas me emociona.

Llegamos todos a la meta. Sanos y satisfechos por la hazaña realizada. Si, si, HAZAÑA, en mayúsculas.


El pronóstico se cumplió y llovió. Mucho. Durante mucho rato.

El inicio de la prueba fue caótico. He escrito una carta a la organización del evento mirando de ser constructivo y dando mi punto de vista sobre lo sucedido, intentando aportar algo positivo y ayudarles a mejorar con mi opinión como corredor, si es que mi voz tiene algo que decir al respecto. Este es el enlace a la carta por si os interesa. Yo hoy aquí no hablaré mas del asunto.

Llegamos tarde a la linea de salida, concretamente 3 minutos, hecho que no me fue mal ya que para poder llegar antes de que apagasen las alfombras que activan los chips tuvimos que hacer unos 1500mts a ritmo muy alto. El calentamiento que no habíamos podido hacer. Salimos los últimos, muy atrás.


En los primeros 3 kilómetros, en subida y por asfalto, Albert y yo adelantamos a mas de la mitad de los participantes. Quedó un paso de casi un metro de ancho por dónde no corría nadie porque era por donde bajaba el agua de la carretera y lo aprovechamos para acelerar. Cómo para esquivar charcos con la que caía. Tony nos deseó suerte y aflojó al tiempo que Chretien nos jaleaba desde el pelotón.

La montaña empezaba en el km 3 y poco después se convertía en un sendero de unos 60cm de ancho. 2000 personas pasando por ahí = embudo y tapones, totalmente lógico. 48 minutos para 5 km, 1h 31m para los primeros 10km. Demasiado lento.

A partir de ese punto empezamos a correr. Me sorprendió que pese al mal tiempo encontrásemos bastante gente animando cada vez que cruzábamos un tramo de carretera. Mil aplausos a vosotros por animarnos con ese clima.

Uno de los peores momentos llegó en el km 17, después del segundo avituallamiento. Teníamos que coronar el pico de La Morella, el punto mas alto del Garraf. Yo, que soy tan listo, corrí toda la prueba con un cortavientos que NO era impermeable. En el minuto cero ya estaba empapado. Lógicamente, no tiene capucha, para mas inri. Literálmente el oído izquierdo se me inundó de agua cómo si me hubiese tirado a una piscina. Llovía en horizontal por culpa del viento. Era cómo ir en moto con lluvia y con la visera del casco levantada. Gotas clavándose en la cara cómo agujas.

Me planteé que hacía allí, por que me estaba torturando de esa manera, que necesidad tenía yo de sufrir así pudiendo estar en casa con mi familia... Sufrir, apareció el sufrimiento... Y el dolor pasó... Y una sonrisa se dibujó en mi cara y ahí, justo ahí, al llegar a la cima y abrazarme al voluntario que se ocupaba de indicar hacia que dirección se dirigían los senderos para las diferentes distancias, supe que llegaría a la meta. Lo vi, me vi entrando por debajo del arco con los brazos levantados, celebrando mi triunfo personal mientras el tipo del chubasquero que acababa de dejar atrás, con lágrimas en los ojos cómo yo por la emoción del momento nos gritaba: "Correu malparits, correeeeeeeuuuuuuu!!!"

A partir de este punto la lluvia comenzó a arreciar. No llegó a parar por completo pero amainó el viento y el torrente se convirtió en un chirimiri casi agradable.


En el km 29 perdí a Albert. Llegamos a un tramo de pista en subida en el que pude coger un ritmo constante. No miré hacia atrás, ya que oía sus pasos a un metro escaso de mí. Cuando al fin me giré el que me acompañaba no era el, era otro. No conseguí ubicarlo para esperarlo. Miré hacia atrás muchas veces mirando de reconocerlo, pero por detrás venía demasiada gente con chubasqueros del mismo color que el suyo y no conseguí identificarle. Eso y que por fin me sentía cómodo con un ritmo constante, así que decidí seguir.

Pista de tierra hasta el km 35, dónde se encontraba el último avituallamiento. Cogí 3 gominolas por aquello de darle algo de azúcar al cuerpo y seguí, sin parar mas de 10 segundos de los cuales 5 fueron para abrazarme a otro voluntario. Esta vez sin lágrimas.

De aquí a la meta solo. El siguiente corredor por delante a unos 200 mts. Igual por detrás. Silencio, solo mi respiración y mis pasos rítmicos sobre el suelo embarrado. Y el olor del Garraf. El romero y el tomillo sacudidos por el viento, decorados de amarillo por la genista. Y al fondo el mar...

 ...Y la meta.


No se cuantos miles de flechas pintadas con spray vi a lo largo de la carrera, pero la de la imagen era la última.

Entré en la recta final cómo había visualizado unas horas antes. Me despojé de la mochila y el cortavientos, que dejé tirados en el suelo para entrar luciendo, orgulloso y brazos en alto, la camiseta que el club había hecho para la ocasión.


Mis amigos me jaleaban al entrar. Mi hijo mayor me besó y me fundí en un abrazo eterno con mi mujer. Todo terminó mejor de lo esperado y de lo que indicaban las circunstancias.

Poco a poco fueron llegando el resto. Como os adelantaba al principio, todos sanos, todos enteros, todos satisfechos.

Y se cumplió el pronóstico. El lema de las camisetas que lucíamos para la ocasión, parafraseando aquella serie de televisión de nuestra infancia, se hizo real:

"Corre muchacho ya! No te detengas mas!"

Estoy convencido que, si algún día tengo nietos, esta será una de las batallitas que les contará el abuelo.

...Sabéis chicos, yo corrí, acabé y sobreviví a la #MTCBN 2013


jueves, 25 de abril de 2013

MTBCN, se acerca el momento

Parece mentira, pero estoy nervioso. Hacía años que no tenía esta sensación. Y creo que no hay para menos.

Hace ya unos 15 días que empecé a planificar mentalmente la carrera del Sábado. No ganaré, lo se de sobras. Ni siquiera lucharé por los puestos de cabeza. Mi único objetivo es el de acabar tan dignamente cómo sea capaz de hacerlo, sin lesiones y habiendo disfrutado el trayecto.

Aún así y no en vano esta es mi primera maratón de montaña. Nunca he superado los 30km fuera del asfalto y pese a que he visualizado mi carrera una y otra vez en mi mente cómo si de un esquiador de súper gigante se tratase, que repasa mentalmente las puertas que debe atravesar para conseguir el mejor tiempo, no puedo evitar estar nervioso. Es un gran reto.

Pero veámosle el lado bueno por encima de todo. Corro en casa, y eso es un orgullo. 42km por el macizo del Garraf, con su terreno yermo y sus piedras en arista que se clavan en los pies. Pero es mi casa, las montañas que veo desde mis ventanas siempre que me asomo y tras las que veo ocultarse el sol cada día.


He revisado el plano de altimetría colgado por la organización de la prueba para saber con exactitud dónde se encuentran los avituallamientos y, Oh! Sorpresa! pese a que aparece el icono que representa los puntos de abandono, en esta distancia no existe ninguno. Es una buena señal, el abandono no está en mi guión ni en mi mapa.

Para más inri la predicción del tiempo no es demasiado halagüeña. Dan lluvias y una bajada de temperatura considerable. Afortunádamente parece el viento nos respetará, que no es poco. Honestamente, adoro correr bajo una lluvia suave y las temperaturas bajas mejoran mi rendimiento. Me encanta.



Son muchos los indicios que apuntan que esta edición de la UTBCN será épica. La crónica de la carrera y lo que me suceda durante el transcurso de la misma os lo narraré a partir del Domingo. Espero poder hacer alguna foto durante el trayecto para ilustrar la historia.

Estoy nervioso si, pero debido a la inquietud, a la ansiedad, a las ganas de que ya sea Sábado a las 10 de la mañana. QUE EMPIECE YA!!!

lunes, 22 de abril de 2013

Soy creyente

Soy creyente.
Creo en el esfuerzo,
Creo en el tesón,
Creo en el afán de superación,
Creo en la tenacidad,
Creo en mi...

Tengo un problema en lo pies. De hecho tengo muchos problemas en los pies y piernas, pero hoy solo hablaré de uno y de la solución que por fin he encontrado. Os advierto de antemano que no es del todo agradable.

Tengo los segundos dedos de cada pie, lo que serían los índices de las manos, mas largos que los dedos gordos. Eso provoca que, pise como pise y que use la marca y talla de calzado que use, sufro de ampollas.

Son enormes, muchas veces inyectadas en sangre. No hay carrera que al acabar no tenga que pincharlas con alfileres para vaciarlas o dormir con ellas traspasadas con hilos para que acaben de vaciarse de líquido por completo. Estas ampollas levantan mis uñas y provocan que se caigan. No tengo 10 uñas en los dedos de los pies desde hace años. Siempre me falta alguna.

Pero por fin he encontrado la solución. Bueno, mas bien ha sido mi podóloga, que después de muchos inventos (vaselina, taping, calcetines especiales...) ha dado con el remedio.

Se trata de una prótesis de silicona hecha a medida, que aunque pueda parecer lo contrario, una vez te acostumbras ni te enteras que la llevas.

Hace  como un mes que la utilizo, por ahora solo en el pié derecho para ver como funciona. Tiene un coste de 35€ y desde que la uso no he vuelto a tener ni una sola ampolla en los dedos. Las uñas se caen igual, ya me dijeron que eso seria inevitable, pero el dolor se ha reducido considerablemente.

Las fotos las hice ayer, nada mas llegar de un entreno de 23km por montaña con un desnivel severo. Podéis apreciar que no hay ninguna uña negra, afortunadamente. Quizás algún día encuentre una solución para no deshollarme los juanetes y pueda dejar de utilizar los apósitos blancos que veis en la imagen.

...y aunque corra por el valle del dolor ningún mal temeré,
pues el sufrimiento es mi pastor y él guia mis pasos...


martes, 16 de abril de 2013

De Munich 72 a Boston 2013





No voy ni a frivolizar ni a especular con el asunto. Lo que sucedió ayer en la linea de meta de la maratón de Boston es muy grave.

Hoy, pasadas casi 24 horas desde el suceso y en el momento de escribir esto, todavía no se conoce la autoría de los hechos. Nadie ha reivindicado nada. Ningún grupo armado se postula como el autor del atentado. Ni siquiera ha aparecido ningún tarado que justifique con cualquier locura una acto como este. Nada.

No voy a entrar en valoraciones de juicio sobre la gravedad del asunto. Hechos similares ocurren a diario en países del tercer mundo, en el que cruentas guerras civiles o "acciones bélicas preventivas" son el pan nuestro de cada día y no por ello son menos graves que lo acontecido ayer en Estados Unidos.

Pero debido a la afinidad y pasión deportiva de aquellos que se encontraban participando en la prueba si que me pongo en la piel de aquellos que lo vivieron en primera persona. Tras 4 horas corriendo por un trazado como el de Boston, cuando ya puedes oler el arco de meta y sabes que esto toca a su fin, mientras la inmensa alegría y satisfacción de acabar algo tan duro como una maratón te invade.. En ese instante... Boom... Caos repentino... Dolor y muerte a tu alrededor, si es que has tenido suerte y no te ha tocado a ti.

Lamentablemente no es algo nuevo esto de atentar contra pruebas deportivas. Un ejemplo brutal es el de la masacre de Munich 72, donde un grupo radical llamado Septiembre Negro secuestró y asesinó a varios integrantes de la delegación Israelí.  En su momento conmocionó al mundo, como lo de Boston de ayer.

Supongo que como la mayoría de vosotros hoy, como muchos de los que tenemos la ilusión de poder correr uno de los Six Majors algún día, esto no va a frenar mis ganas. Es mas, Boston ha pasado a ser la primera de la lista si algún día consigo poder acudir a una de estas citas.

Hoy es un día triste para el atletismo y al deporte en general, sobretodo para el aficionado anónimo que hace de esto de correr su pasión y se encuentra, de repente, sin culpa alguna, con la última carrera de su vida.


lunes, 15 de abril de 2013

Larga vida al par



Es una cuestión de principios. De ética incluso. Me gusta darle una muerte digna a las zapatillas con las que corro.

Pensándolo fríamente y aplicando algo de humanidad al asunto, creo que se lo merecen.

Aquellas Adidas con las que bajé por primera vez de los 45' en un 10k. O aquellas otras con las que corrí mi primer Marathon. O esas New Balance tan ligeras con las que compito y que me hacen volar... Todas y cada una de ellas tienen una historia que contar, momentos dulces vividos, horas de sufrimiento y en muchas, muchísimas ocasiones son lo único imprescindible para salir a hacer esta locura que me llena. Porque seamos sinceros, todos nosotros en un momento dado podríamos salir a correr con una camiseta de algodón de publicidad y un pantalón de chandal cortado si no tenemos otra cosa, ¿pero cuantos nos atrevemos a salir con lo primero que pillemos para ponernos en los pies? Así de imprescindibles son. Sin duda la parte más importante de nuestra equipación.

Por esta razón me cuesta desprenderme del calzado que ya tiene demasiados kilómetros. Siempre les encuentro una utilidad.

Este post de hoy es la excusa perfecta para dedicarle una ovación a mis Adidas Boston. Ocupan un lugar destacado en mi armario y mis recuerdos desde hace mas de 10 años. Llegaron a mi desde el cajón de las ofertas de un hipermercado deportivo y no encuentro el momento de tirarlas... Ni motivo para hacerlo.

Están destrozadas, llenas de agujeros, con la suela lisa y sin embargo siguen siendo tan cómodas como el primer día que me las puse. Las utilizo para trabajar un par o tres de veces al año en un terrenito familiar.

Y seguiré haciéndolo hasta que resulte imposible ponérselas.

Larga vida al par!

viernes, 12 de abril de 2013

Reflexiones de un corredor de mierda



Pues si, para que nos vamos a engañar, soy un corredor de mierda. Del montón. Pero eso no me hace sentir menos que al resto. Ni creo que sea inferior por tener tiempos mas lentos. Es una realidad.

Nunca me ganaré la vida con esto de correr, ni falta que hace. Creo que en el momento en que convirtiese esto del running en una profesión y por ende, obligación, desaparecería la pasión que siento por ello. Es algo intrínseco en mi persona. Aquello a lo que me obligan me aburre, que le voy a hacer.

Por ese motivo, por que me divierte y me apasiona, he decidido resucitar este blog que abandoné tan pronto como fue creado. Creo que merece una segunda oportunidad.

Desde hoy Running La Vida Loca será el cuaderno de bitácora de este humilde aficionado a correr, de este corredor de mierda...